jueves, 16 de febrero de 2012

SALMO 129


«Es uno de los «cánticos graduales» o «canciones de las subidas», que entonaban los israelitas en su peregrinación a Jerusalén y a su Templo. Es también uno de los siete salmos penitenciales, de los que tan amplio uso se ha hecho en la Iglesia, en particular de éste, el De profundis, y del salmo 50, el Miserere. La Biblia de Jerusalén da a nuestro salmo el título de De profundis. Es un salmo penitencial, sí, pero más aún un salmo de esperanza. La liturgia cristiana de difuntos lo emplea ampliamente, no como lamentación, sino como oración en que se expresa la confianza en el Dios redentor.- Para Nácar-Colunga el título de este salmo es Imploración de la divina misericordia. Deprecación transida de compunción y de humildad: el salmista reconoce sus pecados y espera la rehabilitación espiritual de la misericordia divina. De lo profundo de su tribulación clama el salmista a Dios, seguro de alcanzar la misericordia de Yahvé.- «Salmo penitencial. Invocación del nombre de Dios misericordioso, repetida siete veces y salida de lo más hondo del corazón. Queremos presentar a Dios todos los recovecos de nuestra realidad, para que él los mire con ojos de misericordia. El perdón define la actitud fundamental de Dios con nosotros. Por esto, esperamos en él, a pesar de nuestros incontables pecados. "Jesús" significa "Salvador", "porque salvará a su Pueblo de sus pecados" (Mt 1,21)» (J. Esquerda Bifet).



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